Para que las carnes resulten jugosas se recomienda sellarlas en una sartén de hierro con aceite neutro a fuego fuerte de todos sus lados antes de cocinarla en el horno.
Para que la carne de cerdo no resulte demasiado seca y dura deberá controlarse el punto de cocción. La salvia es una hierba que no sólo combina bien con este tipo de carnes, sino que además ayuda a digerirlas.
La menta queda muy bien con la carne de cordero.
Se recomienda no salar las carnes antes de ser selladas para que el dorado se conserve crocante.
Mantener siempre la temperatura de las carnes crudas a 4º C.
No superar los 90º C de temperatura corazón en carnes rojas para que no queden secas.
La piel del pollo fresco debe presentar un aspecto amarillento uniforme, sin golpes, desgarrones y exceso de humedad. La carne tiene que ser firme, compacta y de una coloración levemente rosada y sin moretones.
Si se compra pollo congelado hay que observar que el envase esté intacto y que no se hallan formado bloques de hielo, indicio que se ha roto la cadena de frío.
Si se utiliza pollo congelado, hay que decongelarlo por completo, ya sea en la heladera durante 24-36 horas o en microondas 10-15 min cada 500g.
Al comprar mariscos deben estar frescos o vivos en el caso de las almejas, ostras o mejillones.
La otra opción es comprarlos congelados para mayor seguridad y evitar problemas de contaminación.
Fijarse la calidad de los crustáceos (langostinos, camarones, langosta, etc) si están crudos que no presenten las patas y las cabezas negras y si están cocidos que sean congelados.
Si se compra el pescado en filet, solicitar que el fileteado se realice en el momento para poder verificar su frescura. Algunos signos del pescado fresco son: los ojos opalescentes, las agallas rojas, las escamas brillantes y humedas; la carne firme, las aletas enteras, etc.